La platinada belleza nos deja con la boca abierta y sudando frío.
No satisfecha con alborotarnos con su patentado ritmo (su marca de fábrica), en el minuto 1:23 juega audazmente con su hilo dental, lo baja, lo sube, lo muestra, lo pone en su sitio, lo desliza sobre sus muslos... todo ello sin dejar de bailar, dejando en estado de shock al respetable y a los mismísimos miembros de la banda.
Un motivo más para rendirnos ante Katty, y desear que nunca deje de darnos en la yema del gusto.

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